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Retos y desafíos de los escenaRios emeRgentes en la comunicación educativa
Ensayo sobre la ceguera, a la construcción de la normalidad como
una identidad. Es decir, se entiende la diferencia como limitación
en la medida que alguien establece una idea de normalidad. Esto se
basa, de acuerdo con Islas (2005) en un ejercicio de construcción de
narrativas que se instituyen desde la forma que se tiene para hablar de
lo que sucede: “el lenguaje contribuye a mantener invisibles algunas
de las relaciones de dominación y marginación que tienen lugar tras la
superficie, aparentemente neutral, del orden establecido, de lo que se
considera convencionalmente ‘correcto’ o ‘normal’” (Islas, 2005, pág.
21). De acuerdo con el autor, las palabras tienen un peso importante en
la forma que se tiene para entender el mundo. Las palabras importan.
En este punto, no se puede dejar de valorar el mérito que representa
el cambio de términos. Pasar de hablar de personas minusválidas
o subnormales a personas con discapacidad, representa un ejercicio
de evolución que apunta al reconocimiento de las diferencias. Sin
embargo, aunque el cambio en los términos de disminución en el
valor como personas se va desvaneciendo, las ideas sobre deficiencia
siguen presente en los discursos, pero ¿hasta dónde son deficiencias
y hasta dónde se trata de una sociedad que no concibe las diferencias
como parte de la pluralidad humana?
En el Ensayo sobre la ceguera no existe, de manera explícita, una
forma en que se excluya a un ciego por ser ciego, ya que todas las
personas se contagian a lo largo de la novela. Sin embargo, en el
desarrollo de la historia ninguna persona tiene un nombre propio.
Simplemente van cambiando de nombre según su actividad. El
hombre contagiado por primera vez se convierte en el ciego. “Tal
como había dicho el ciego, su casa estaba cerca.” (Saramago, 1995,
pág. 13). Y así se le dice a lo largo del texto. Todos están ciegos,
entonces solo se les quita su nombre, y se les denomina como el
médico, el policía, o el ciego de nacimiento. Incluso la esposa del
médico, quien no llega a contagiarse, se nombra desde su relación
con su esposo, para hablar de ella no se dice: la mujer que no es
ciega, sino se dice que es “la mujer del médico”. En palabras del
autor, por ejemplo, se dice de ella: “La mujer del médico volvió
hacia dentro. En un armario medio abierto encontró camisas de
fuerza” (Saramago, 1995, pág. 131).
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