Page 158 - Retos y desafios de lo escenarios emergentes en la comunicacion educativa 1
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Retos y desafíos de los escenaRios emeRgentes en la comunicación educativa



               Ensayo  sobre  la  ceguera,  a  la  construcción  de  la  normalidad  como
               una  identidad.  Es  decir,  se  entiende  la  diferencia  como  limitación
               en la medida que alguien establece una idea de normalidad. Esto se
               basa, de acuerdo con Islas (2005) en un ejercicio de construcción de
               narrativas que se instituyen desde la forma que se tiene para hablar de
               lo que sucede: “el lenguaje contribuye a mantener invisibles algunas
               de las relaciones de dominación y marginación que tienen lugar tras la
               superficie, aparentemente neutral, del orden establecido, de lo que se
               considera convencionalmente ‘correcto’ o ‘normal’” (Islas, 2005, pág.
               21). De acuerdo con el autor, las palabras tienen un peso importante en
               la forma que se tiene para entender el mundo. Las palabras importan.

               En este punto, no se puede dejar de valorar el mérito que representa
               el cambio de términos. Pasar de hablar de personas minusválidas
               o subnormales a personas con discapacidad, representa un ejercicio
               de evolución que apunta al reconocimiento de las diferencias. Sin
               embargo, aunque el cambio en los términos de disminución en el
               valor como personas se va desvaneciendo, las ideas sobre deficiencia
               siguen presente en los discursos, pero ¿hasta dónde son deficiencias
               y hasta dónde se trata de una sociedad que no concibe las diferencias
               como parte de la pluralidad humana?


               En el Ensayo sobre la ceguera no existe, de manera explícita, una
               forma en que se excluya a un ciego por ser ciego, ya que todas las
               personas se contagian a lo largo de la novela. Sin embargo, en el
               desarrollo de la historia ninguna persona tiene un nombre propio.
               Simplemente  van  cambiando  de  nombre  según  su  actividad.  El
               hombre contagiado por primera vez se convierte en el ciego. “Tal
               como había dicho el ciego, su casa estaba cerca.” (Saramago, 1995,
               pág. 13). Y así se le dice a lo largo del texto. Todos están ciegos,
               entonces solo se les quita su nombre, y se les denomina como el
               médico, el policía, o el ciego de nacimiento. Incluso la esposa del
               médico, quien no llega a contagiarse, se nombra desde su relación
               con su esposo, para hablar de ella no se dice: la mujer que no es
               ciega, sino se dice que es “la mujer del médico”. En palabras del
               autor,  por  ejemplo,  se  dice  de  ella:  “La  mujer  del  médico  volvió
               hacia dentro. En un armario medio abierto encontró camisas de
               fuerza” (Saramago, 1995, pág. 131).



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